Protocolo de Oración

Demasiadas veces hemos escuchado que orar no es rezar, sin entender bien lo que significa. Muchas veces hemos dicho que orar es hablar con Dios, como el que se dirige a otra persona. Hemos enfatizado la comunicación con Dios, en la forma y en el fondo muy humana. El énfasis es ser absolutamente informal y espontáneo orando. Hemos rechazado toda formalidad en la oración y despreciado el denominado rezo, por ser dicen algunos una forma encorsetada e inválida, que Dios no escucha. Burlonamente escuchamos que rezar es repetir mecánicamente algunas palabras aprendidas de memoria, que no llegan a ninguna parte. Seguramente en nuestra memoria colectiva, encontraremos más comentarios entre la diferencia de rezar y de orar, pensando que la Biblia lo dice así. Sin duda hemos pasado del formalismo religioso encorsetado, a una especie de anarquismo donde no hay reglas, ni prohibiciones, ni formas en la llamada oración. Tenemos que cambiar muchas cosas mal aprendidas y una de ellas es, el creer que no hay reglas establecidas, orden o protocolo de relacionarnos con Dios. La Escritura enseña el que denominaremos, Protocolo Bíblico de la Oración. Una declaración que tenemos que saber, asumir, practicar y enseñar, dicho Protocolo. El Proceso de Conversión tiene entre otros objetivos, el que discernamos o diferenciemos el bien del mal, lo santo de lo profano, lo que es puro de lo que está contaminado. La oración es la forma establecida por Dios para entrar en su presencia, pero con la dignidad apropiada, que como criaturas se nos demanda, ante el Altar del Creador. No podemos ni debemos, si fuera posible entrar en la presencia de Dios, sin ningún orden o protocolo, por muy sencillo que pudiera ser. Entrar a la presencia de HaShem , no puede tomarse de forma ligera, pues estar en su Presencia es la mayor responsabilidad que nuestro Padre, ha dado a sus hijos. Cuanto más ama un hijo a un padre más lo respeta y más honra tanto en público como en privado. Cuando disponemos nuestro corazón a entender la Escritura y nos humillamos, empezamos a estar preparados para entrar en la presencia de HaShem. Lo que tenemos que decir, está escrito en la propia Palabra de Dios. Orar es decirle a Dios, que se haga Su voluntad, la cual está en la Escritura. Entremos en la presencia de Dios, con un protocolo bíblico de oración, vocalizando la Escritura, se le llame orar o se le llame rezar. "Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa; abiertas las ventanas de su habitación que daban a Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, oraba y daba gracias delante de su Dios como solía hacerlo antes." (Daniel 6.10). ¿Podemos aprender del Protocolo Bíblico de Oración, en la práctica de Daniel? Primero el compromiso que tenía con Dios. La cita que le había dado Adonai, nada ni nadie la podía impedir, ni bajo pena de muerte ¿Nos damos cuenta lo que esto significa?. Daniel entro en su casa, la cual hacía las veces de Templo y entrando en el “Lugar Santo” su habitación, abrió la ventana que daban a Jerusalén se arrodilló. Daniel tenía una casa pensada para ser el lugar de encuentro con Dios. Tres veces al día se arrodillaba para orar y dar gracias, que son dos conceptos que van juntos, aunque son diferentes. Cuando dice al día, se refiere a las horas desde que empieza el día hasta el atardecer, pero también tenemos que considerar las vigilias, como tiempos de oración. No era una práctica esporádica la de Daniel, pues el tenía un compromiso diario de entrar en la presencia del Todopoderoso. Dios ya le había dado todas las “audiencias diarias” a Daniel para hablar con Él. ¿Sabemos cuales son nuestras audiencias con Dios? ¿Nos impedirá algo estar a tiempo a la Real Audiencia? Necesitamos tener un Protocolo Bíblico de entrar en la presencia del Todopoderoso, sin el cual difícilmente seremos escuchados.