El Nuevo Testamento un Documento Judío

Como hemos dicho con anterioridad el Cristianismo Nominal tiene el dudoso honor de haber descontextualizado la figura de Jesús, desgajándole de todo su Judaísmo. Además tiene la responsabilidad de haber traducido el llamado Nuevo Testamento, en hebreo Brit Hadashá, bajo la óptica de su propia teología, sin considerar su trasfondo religioso en el Judaísmo. Expresiones poco claras que inducen a confusión, llenan tan importante documento. Entraremos más a fondo a medida que estudiemos sus páginas, sirvan las presentes líneas a modo de introducción al tema. Es muy importante que entendamos que el Nuevo Testamento es un documento fidedigno e inspirado por el Eterno, recibiendo la consideración de Escritura, junto con el resto de la misma. No sería posible entender con la profundidad necesaria toda la Biblia, sin la participación de los mal llamados Antiguo Testamento y Nuevo. La artificiosa división que han hecho de la Biblia no tiene el pretendido carácter teológico. Solo se podría considerar una estructura que marcara una separación cronológica, la que enfatizara un antes y un después del Mesías, pero nunca un corte en la estructura espiritual del Judaísmo. Jesús no abolió el Antiguo Testamento, no abrogó la Ley o los Profetas. No renunció a su Judaísmo del cual es parte inseparable e inherente. La mencionada artificiosa división en dos “Testamentos” es un énfasis teológico del Cristianismo, para forzar la separación del Judaísmo y del Cristianismo. Queda claro y es verdad que el Judaísmo y el Cristianismo tal como se entiende en la actualidad nada tienen que ver entre si. La división es realmente una amputación traumática del Cristianismo contra el Judaísmo. El único objetivo que ha tenido por siglos el Cristianismo, entendido como una religión nominal, es distanciarse de todo lo que parece judío o perteneciente al Judaísmo. El Nuevo Testamento es un documento judío, nunca ha sido ni podrá ser considerado en ninguna forma o fondo cristiano. Su estructura de pensamiento es hebrea, de la cultura religiosa que habla es hebrea, sus autores son hebreos o convertidos al Judaísmo con todas las consecuencias e implicaciones que ello conlleva. El núcleo esencial de su estructura de pensamiento es hebreo. Sus conceptos y enseñanzas son absolutamente basados en el Judaísmo que toda la Biblia rezuma, como buen “vino cosher”. Jesús leyó, aprendió, enseñó, predicó y oró con las palabras de Biblia Hebrea o Tanaj. El Nuevo Testamento recoge las enseñanzas e interpretaciones que Jesús, como el buen escriba, saca del tesoro escondido de la Tanaj. La suma de la Palabra de HaShem es verdad, nos dice la propia Escritura (Salmo 119.160). Pretender dividir, cercenar, cortar o separar la Escritura, entendida desde Génesis hasta Apocalipsis, es cuanto menos una temeridad y una falta de conocimiento delante del Todopoderoso. Iremos poniendo a la luz tales trasgresiones en la medida que vayamos estudiando la importancia de Brit Hadashá en la exposición del Judaísmo de Jesús. Tenemos algunos intentos de restaurar el léxico del Nuevo Testamento, mediante modernas versiones que pretenden ser más fidedignas al original que las que tradicionalmente usamos. Sus argumentos no son tan fuertes como para desechar las que tenemos y abrazar sin más dichas versiones, sin que con ellos dudemos de su buena voluntad. En nuestra opinión más que cambiar palabras en castellano, por palabras en hebreo en estas ya mencionadas modernas traducciones, necesitamos contextualizar en el sentido más amplio de la expresión, el Nuevo Testamento en castellano, de manera que su traducción deje ver el espíritu hebreo que le sustenta. Una traducción a otro idioma, siempre será un reto para todo traductor, pues debemos aceptar las dificultades inherentes de todo trabajo de traducción. Las traducciones fidedignas son posibles y no tenemos que temer perder el mensaje de un documento bíblico o su sentido, por ser una traducción. Creemos que al saber, por nuestra parte, que los traductores tenían su propia teología y que sus pensamientos tienen una cierta influencia en su traducción, nos permitirá discernir cual era el verdadero sentido que el autor de origen quería trasmitir. Si podemos discernir la teología de los traductores, estaremos más cerca del pensamiento de quien es su verdadero artífice, que serán sus escritores de origen. Nadie duda que un traductor por muy honesto que sea, aportará algo de su pensamiento, de su teología, de su cultura y de su conocimiento a la traducción que desarrolla. Con todo, nunca el mensaje puede variarse tanto, en una traducción, como para no discernir la verdad que Dios mismo nos quiere enseñar. No tengan miedo, tengamos temor de Dios. Por otro lado en el Judaísmo Nominal, también se rechaza el Nuevo Testamento como parte de la Escritura, aunque sinceramente y hasta cierto punto es comprensible. El Judaísmo y los judíos, fueran o no practicantes de su religión, han sido perseguidos, difamados, obligados a renunciar a su fe, agredidos, expropiados, expulsados, encarcelados, en último extremo asesinados y exterminados en el nombre de un pretendido Cristianismo. No es de extrañar tanta desconfianza y repudio al Cristianismo y a los documentos que supuestamente le sustentan, ante tan descomunales atrocidades que en toda su historia han cometido las diferentes instituciones de trasfondo cristiano, apoyándose en lo que mal interpretan del Nuevo Testamento. Muchos han torcido la Escritura, para su propia perdición. También es doloroso que el Judaísmo en general, no entienda que el Nuevo Testamento es un libro judío cien por cien. Tanto “éxito” ha tenido el Cristianismo en desgajar, ocultar y descontextualizar el Judaísmo de Jesús, de las páginas del Nuevo Testamento, que ni los propios judíos lo reconocen como libro de trasfondo hebreo. Destacaremos el sincero interés de algunos estudiosos judíos, por demostrar el trasfondo judío de Jesús, véase el caso de Mario Javier Saban, con su obra El Judaísmo de Jesús, de notable interés para todos los que buscan la verdad. Lea toda la Biblia con la certeza que es Palabra de Dios y descubra el Judaísmo de Jesús en sus páginas, recuerde que Dios es el mismo ayer hoy y por los siglos.